CAPTURADO POR SU FUEGO - Parte 2

 

Tomado por sorpresa...
Ellos comenzaron a orar por mí muy tranquilamente. Todo ocurría en calma y de acuerdo al boletín de la iglesia. Cuando los jóvenes comenzaron a orar, cerré los ojos; mi mente no estaba en el avivamiento ni en nada semejante. Estaba apurado por llegar a la otra iglesia para predicar, cuando de repente, mis manos comenzaron a temblar sin mi permiso, y no podía controlarlas. En nuestra denominación, y especialmente con el entrenamiento que recibí de mi padre, cuando estamos en la plataforma tenemos control de la situación. Sí, permitimos que el Señor nos use, pero no dejamos que las cosas se nos vayan de las manos. Si nosotros perdemos el control ¿qué podemos esperar del resto de la congregación?
Eso es sabio. Pero en este caso, por primera vez, me estaba sucediendo en el púlpito algo que no podía controlar. Pensé: "Esto está fuera de lugar". Abrí los ojos y miré a la congregación, frente a mí: a nadie más le temblaban las manos. Intenté detener los temblores. Apreté mis manos firmemente, para que no temblaran, y entonces todo mi cuerpo comenzó a temblar. Recuerdo que trabé mis rodillas y traté de pararme con firmeza, y entonces caí al piso.
Algo extraño me estaba sucediendo y me dije: "Esto no tiene sentido; debo levantarme". Desde el piso, mientras seguía temblando incontrolablemente, miraba a la congregación y ellos me miraban a mí. ¡Ya ninguno oraba! El pastor comenzó a dirigir algunos coros. Yo por momentos lloraba y por momentos reía. Me sentía verdaderamente desconcertado, algo shockeado y sumamente feliz, todo al mismo tiempo.
Pensé: "Debo salir de aquí". Tres veces intenté levantarme. La tercera vez me auxiliaron dos ujieres. El Pastor asociado me sostenía. El Pastor bajó de la plataforma; yo estaba justo frente a ella. Llorando, le dije: "Pastor, no me dejes interrumpir esta reunión; por favor sácame de aquí". Y este hermano puso su brazo alrededor de mi hombro y dijo: "No estás interrumpiendo, hermano, ésta es la presencia de Dios". Esto fue como un bálsamo sanador para mi alma.
Ustedes saben cuán importante es que, cuando esta nueva gloria del Señor llega, haya personas bondadosas que comprendan lo que está pasando. Cuando oramos por el fuego de Dios, quiero encontrar otros que tengan un ministerio de guerreros de fuego.
Finalmente me sacaron de allí. Pensé que me llevarían a un cuarto apartado, pues deseaba desesperadamente estar a solas con Dios. Pero ellos tuvieron la mala idea de sentarme en primera fila. Continué temblando y cada pocos minutos me caía al piso y alguien tenía que levantarme y sentarme en la silla. Hice todo lo posible por refrenarme, pero cuanto más intentaba controlarme, más fuertes eran las olas del Espíritu Santo que venían sobre mí. Había olas de poder sobre mis huesos y mi vida. Su gloria estaba allí. No sé cómo llamar a esto.
Alguien, sin consultarme, fue a la oficina de la iglesia y llamó al pastor de la iglesia donde me esperaban para predicar. Le dijo: "Parece que este hermano no va a poder predicar hoy". ¡Me tomó dos semanas poder llegar a esa iglesia para predicar!
En este punto de mi experiencia, sin embargo, mi mente no había cambiado, mis pensamientos aún no habían sido renovados. Mi cuerpo estaba temblando, yo tenía una señal y sentía las olas de la gloria del Señor. La Biblia nos habla de milagros, señales y maravillas. Yo creo que eso fue una señal del Señor para captar mi atención, ¡y ciertamente lo consiguió! ¡Estuve disponible para El las veinticuatro horas del día durante los siguientes seis días!
¿De qué modo un cristiano es transformado permanentemente? Por la renovación de su mente. "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:2). Cuando nuestros pensamientos son purificados, cuando dejamos de lado nuestras conclusiones erróneas y la verdad del evangelio viene a nosotros, ya nunca más seremos los mismos.

 




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