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Tomado por sorpresa...
Ellos comenzaron a orar por mí muy tranquilamente. Todo ocurría
en calma y de acuerdo al boletín de la iglesia. Cuando los
jóvenes comenzaron a orar, cerré los ojos; mi mente
no estaba en el avivamiento ni en nada semejante. Estaba apurado
por llegar a la otra iglesia para predicar, cuando de repente, mis
manos comenzaron a temblar sin mi permiso, y no podía controlarlas.
En nuestra denominación, y especialmente con el entrenamiento
que recibí de mi padre, cuando estamos en la plataforma tenemos
control de la situación. Sí, permitimos que el Señor
nos use, pero no dejamos que las cosas se nos vayan de las manos.
Si nosotros perdemos el control ¿qué podemos esperar
del resto de la congregación?
Eso es sabio. Pero en este caso, por primera vez, me estaba sucediendo
en el púlpito algo que no podía controlar. Pensé:
"Esto está fuera de lugar". Abrí los ojos
y miré a la congregación, frente a mí: a nadie
más le temblaban las manos. Intenté detener los temblores.
Apreté mis manos firmemente, para que no temblaran, y entonces
todo mi cuerpo comenzó a temblar. Recuerdo que trabé
mis rodillas y traté de pararme con firmeza, y entonces caí
al piso.
Algo extraño me estaba sucediendo y me dije: "Esto no
tiene sentido; debo levantarme". Desde el piso, mientras seguía
temblando incontrolablemente, miraba a la congregación y
ellos me miraban a mí. ¡Ya ninguno oraba! El pastor
comenzó a dirigir algunos coros. Yo por momentos lloraba
y por momentos reía. Me sentía verdaderamente desconcertado,
algo shockeado y sumamente feliz, todo al mismo tiempo.
Pensé: "Debo salir de aquí". Tres veces
intenté levantarme. La tercera vez me auxiliaron dos ujieres.
El Pastor asociado me sostenía. El Pastor bajó de
la plataforma; yo estaba justo frente a ella. Llorando, le dije:
"Pastor, no me dejes interrumpir esta reunión; por favor
sácame de aquí". Y este hermano puso su brazo
alrededor de mi hombro y dijo: "No estás interrumpiendo,
hermano, ésta es la presencia de Dios". Esto fue como
un bálsamo sanador para mi alma.
Ustedes saben cuán importante es que, cuando esta nueva gloria
del Señor llega, haya personas bondadosas que comprendan
lo que está pasando. Cuando oramos por el fuego de Dios,
quiero encontrar otros que tengan un ministerio de guerreros de
fuego.
Finalmente me sacaron de allí. Pensé que me llevarían
a un cuarto apartado, pues deseaba desesperadamente estar a solas
con Dios. Pero ellos tuvieron la mala idea de sentarme en primera
fila. Continué temblando y cada pocos minutos me caía
al piso y alguien tenía que levantarme y sentarme en la silla.
Hice todo lo posible por refrenarme, pero cuanto más intentaba
controlarme, más fuertes eran las olas del Espíritu
Santo que venían sobre mí. Había olas de poder
sobre mis huesos y mi vida. Su gloria estaba allí. No sé
cómo llamar a esto.
Alguien, sin consultarme, fue a la oficina de la iglesia y llamó
al pastor de la iglesia donde me esperaban para predicar. Le dijo:
"Parece que este hermano no va a poder predicar hoy".
¡Me tomó dos semanas poder llegar a esa iglesia para
predicar!
En este punto de mi experiencia, sin embargo, mi mente no había
cambiado, mis pensamientos aún no habían sido renovados.
Mi cuerpo estaba temblando, yo tenía una señal y sentía
las olas de la gloria del Señor. La Biblia nos habla de milagros,
señales y maravillas. Yo creo que eso fue una señal
del Señor para captar mi atención, ¡y ciertamente
lo consiguió! ¡Estuve disponible para El las veinticuatro
horas del día durante los siguientes seis días!
¿De qué modo un cristiano es transformado permanentemente?
Por la renovación de su mente. "No os conforméis
a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación
de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál
sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos
12:2). Cuando nuestros pensamientos son purificados, cuando dejamos
de lado nuestras conclusiones erróneas y la verdad del evangelio
viene a nosotros, ya nunca más seremos los mismos.
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