CAPTURADO POR SU FUEGO - Parte 3

 

Enfrentando a mis suegros...
Un hermano se acercó y me preguntó algo que fue un poco humillante. Dijo: "Hermano ¿necesita que lo lleven a su casa?" Y dije: "Sí, lo necesito". Tenía una sola oración mientras nos dirigíamos a la casa de mis suegros. Decía, mientras continuaba temblando, llorando y riendo: "Señor, por favor no dejes que mis suegros me vean en este estado". Oraba que no estuvieran en casa cuando yo llegara. Existe cierta tensión teológica con mis suegros. Oré: "Señor, no permitas que esto sea causa de división". Pero el Señor no respondió esta plegaria.
Cuando abrimos la puerta de la casa, vi a mis suegros parados frente a mí. Yo no podía caminar muy bien y el hermano que me había conducido a casa me llevaba más o menos a cuestas. Yo transpiraba y no podía hablar con claridad, pero recuerdo que dije, especialmente a mi suegra: "Mamá, estoy bien, no te preocupes. Pero por favor no me mires". Inmediatamente mi suegra levantó sus manos al cielo; comenzó a llorar y alabar a Dios. Entró en un ayuno de tres días para recibir la gloria de Dios. Y cuando iba camino a mi habitación, para mi gran sorpresa la oí decir: "¡Esto es lo que necesitamos en nuestras iglesias!"
El hermano comenzó a hablarles y explicarles lo qué había sucedido, dándome la oportunidad de subir hasta mi habitación. Cuando finalmente llegué a mi habitación, en el segundo piso, cerré la puerta y me sentí feliz de poder estar solo. Continué temblando y llorando, y sin saber qué me estaba sucediendo. Dos horas después, las manifestaciones cesaron totalmente, no tenía más temblores, todo estaba bien. Pensé: "¡Caramba! Tengo muchas cosas que contarle a mi iglesia de La Plata". Creía que ese había sido el fin de mi experiencia.

No un toque sino una Transformación...
Sintiéndome nuevamente normal, bajé a explicar a mis suegros lo que me había ocurrido. Antes de poder hacerlo, mi suegra me puso enfrente un plato de comida y dijo: ¿No es maravilloso el Señor?", y cuando lo dijo sentí que la gloria de Dios volvía a caer sobre mí. Caí hacia atrás sobre el piso, otra vez, y comencé a temblar; luego me fui arrastrando hacia las escaleras para subir a mi habitación.
Debía confirmar a otro pastor de la zona que predicaría en su iglesia, pero ni siquiera podía hacer una llamada telefónica. Yo pensaba: "Señor, si esto viene de ti, ¿por qué no me estás dejando hacer mi trabajo? Debo estar ocupado, más ocupado que nunca". Sobre mi escritorio tenía una lista de cosas por hacer, y el boleto de avión que había comprado era caro, así que me sentía con la responsabilidad de hacer cosas. Miraba la lista y la lista me miraba a mí, y deseaba ocupar mi tiempo para el Señor, pero no comprendía que el Señor tenía otros planes para mí. El no le interesaba mi agenda; ¡la hizo pedazos!
Durante seis días permanecí en la presencia del Dios todopoderoso, llorando y gimiendo. Cuando volvía a sentirme normal me ponía la corbata y el saco y me alistaba para salir, pero cuando tocaba el picaporte el poder de Dios venía nuevamente sobre mí y me arrojaba al suelo, de donde no me podía levantar. A veces pasaban varias horas antes de que pudiera volver a ponerme en pie.

 




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