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La Gloria se Acrecienta...
Al día siguiente, la presencia del Señor era aún
más poderosa que el domingo. A las 7 de la mañana
comencé a planchar mi camisa, porque quería hacer
cosas para Dios; pero no acabé de hacerlo hasta cerca de
las 3 de la tarde, porque mientras planchaba la gloria del Señor
llenaba el cuarto y yo caía al suelo en adoración.
Juan el Bautista lo dice claramente en Mateo 3:11: "Yo a la
verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene
tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más
poderoso que yo...".
El no es igual a nosotros, El es más poderoso. Por eso no
cabe dentro de nuestros viejos moldes. Por eso no puedes tener un
derramamiento del Espíritu Santo en tu vida y conservar los
mismos odres. Debemos hacer un cambio de odres antes de que el Espíritu
pueda descender sobre nuestras vidas. Si estás muy aferrado
a tus propios hábitos y patrones de vida y viene el Espíritu
Santo, El romperá el odre viejo. Pero si el odre es nuevo
es diferente, porque se estirará.
Mateo 3:11 continúa: "...más poderoso que yo,
cuyo calzado yo no soy digno de llevar". Y sigue una promesa:
"él os bautizará en Espíritu Santo y fuego".
Hay mucha gente que dice: "Oh sí, recibí el Espíritu
Santo hace quince años". Yo creo que el Espíritu
Santo viene a nuestros corazones cuando recibimos a Jesús:
ése es el comienzo. Su presencia está con nosotros:
no podríamos ser cristianos sin el Espíritu Santo.
Pero hemos cometido el error de separar al bautismo del Espíritu
Santo del fuego del Espíritu Santo.
El Temor de Dios...
Yo sentía olas del Espíritu Santo fluyendo sobre mi
vida esos primeros días, pero mi mente no fue transformada
hasta el tercer día que pasé bajo el fuego de Dios.
Ese día, todas las cosas cambiaron. Desperté y había
tristeza en mi habitación. La misma hermosa presencia de
Dios que el día anterior había sido cariñosa
y me abrazaba, ahora parecía rechazarme; se me acercaba con
demasiada fuerza, estaba peligrosamente cerca de mí.
Esa mañana, la santidad de Dios estaba tan cerca y era tan
fuerte dentro de mi cuarto que me asusté mucho y comencé
a retroceder. Retrocedí hasta quedar con la espalda contra
la pared, y pensé: "¿Qué estoy haciendo?
Ésta es la presencia espiritual del Señor. No puedo
ocultarme de ella". Comencé a orar: "Por favor
Señor, basta". Era la primera vez en mi vida que oraba
de esa manera. Tenía tanto temor que dije: "Señor,
no puedo soportar más. Eres demasiado santo".
Le dije: "Señor, ¿qué esta pasando? Sé
que algo anda mal. Por favor ten misericordia de mí. No me
mates aquí". Esa tarde salí a caminar; el poder
de Dios vino repentinamente sobre mí y caí de rodillas.
Fue tan repentino e imprevisible que inmediatamente me quebranté
en lágrimas. Entonces el Espíritu Santo empezó
a mostrarme cuadros de pecado en mi vida - cosas que quedaban sin
resolver.
Nací y crecí en un hogar cristiano. Mis padres me
leían la Biblia desde pequeño, y me educaron en los
caminos del Señor, pero ahora Dios estaba tratando con cosas
que yo había considerado "pecados evangélicos".
Cosas pequeñas, que había pensado que no le importaban.
Yo había aceptado una mentira del diablo según la
cual siempre hay un porcentaje de pecado en nosotros; pero ahora
el Espíritu Santo me resistía. El ya no me abrazaba.
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