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El tiempo no borra el pecado...
Mientras yo seguía tirado, el Señor señaló
cosas específicas que no estaban bien en mi vida. Había
pensado que el tiempo las borraría, ya que eran tan pequeñas.
Pero se me recordó que un pecado pequeño sigue siendo
un pecado, y que todo pecado es malvado y destructor. Vi flashes
de momentos en que había endurecido mi corazón contra
un hermano, y pude ver el lugar preciso donde esto sucedió.
Nunca lo maltraté, pero había hecho un compromiso
silencioso de no volver a acercarme a él. Se me recordaron
las veces en que mis ojos se habían demorado demasiado tiempo
en imágenes de cosas que no agradaban al Señor.
Así como estaba comencé a llorar por mis pecados y
fue tanto el dolor por ellos que comencé a sentirme enfermo,
como si me estuviera afiebrando. El Espíritu Santo comenzó
a hablarme y mi mente empezó a comprender lo que el Señor
estaba tratando de hacer. Y Dios me habló y me dijo: "Por
cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré
de mi boca". Sorprendido, le dije: "Señor llevo
años en el ministerio; soy un predicador de tu Palabra. Ayuné
la semana pasada y oro todos los días. ¿Cómo
pude estar tan engañado? ¿Por qué no había
visto esto antes?"
El 98% de santidad no es suficiente...
El Señor me dijo: "Desearía que fueras tan frío
como un pagano, para poder salvarte una vez más, o tan caliente
como un creyente que me ha entregado el 100% de su vida, pues entonces
podría usarte como Yo quiero hacerlo". Le pregunté
por qué yo no había discernido esto antes y el Señor
me contestó: "Engañoso es el corazón del
hombre, y desesperadamente perverso". Me aterroricé.
No podía creer que Dios me estuviera diciendo esas cosas.
Entonces el Señor me habló otra vez y dijo claramente:
"El 98% de santidad no es suficiente".
En cierto sentido, yo era un fariseo de fariseos. Crecí en
una iglesia cristiana. Mi meta era ser bastante santo, hacer las
cosas bastante bien, y aprobar el examen de la vida con una calificación
de 70%, o una B, pero el Señor tenía demandas diferentes.
Me reprendió por mi autosuficiencia y expuso la mentira de
mi corazón. Entonces comprendí mi mayor error: no
estaba tratando de ser como Jesús. Sólo estaba tratando
de ser aceptablemente bueno. En ese momento sentí que toda
mi religiosidad y disciplina eran como trapos inmundos en Su presencia,
porque yo no había creído que el Señor no me
había llamado a ser una persona bastante buena, sino que
me había llamado a ser como Jesús. La semana antes
de viajar a los Estados Unidos había tenido un tiempo de
ayuno y había orado con intensidad, y me sentía bien
conmigo mismo. Me había sentido santo en un 90% o más.
A veces permitimos que pecados en apariencia insignificantes queden
dentro de nuestros corazones. Pero debemos hacernos esta pregunta:
"¿Con cuántos pecados piensas que el Señor
nos dejará entrar al cielo? ¿Qué porcentaje
de maldad piensas que Él nos permitirá llevar con
nosotros cuando llegue el Día del Señor?"
Mientras estaba en Su presencia, Dios me habló en término
que cualquier niño podría entender. En aquel momento
no hubiera podido comprender cosas muy complejas. Él me dijo:
"Nadie se levanta por la mañana, prepara una taza de
café, le echa solo una gota de veneno, lo revuelve y se lo
toma". Entonces comenzó a hablarme acerca de la iglesia.
Hay en la Iglesia gente que permite que el veneno penetre en sus
corazones y sus mentes, y esto los está destruyendo. Nadie
compraría una botella de agua mineral cuya etiqueta dijera:
"98% de agua mineral pura; 2% de agua cloacal". Sin embargo,
muchos cristianos han permitido que las aguas cloacales espirituales
se infiltren en sus vidas.
Muchos se asombran: "¿Por qué pierdo tan rápidamente
la fortaleza del Señor? Será porque soy un fracasado,
o quizás porque no tengo la preparación o la educación
que necesito". Debo decirte que cuando hay pecado en nuestros
corazones, aunque sea un 1%, puede llegar a destruir la devoción
en nuestras vidas.
Convicción de pecado, no culpabilidad...
Lloré, confesé y me arrepentí. El Señor
señaló pecados específicos en mi vida. No apuntó
a generalidades. Satanás tiene un ministerio falso que utiliza
especialmente en la Iglesia, es el ministerio de producir culpa.
La Biblia nos dice que Satanás es el acusador de los hermanos.
El viene a poner un sentimiento general de culpa, y nunca nos ayudará
a resolverla. Como resultado, nos sentimos mal. Hay algunos líderes,
algunos obreros, algunos siervos del Señor que están
en el ministerio; sus corazones están tratando de hacer lo
mejor, pero la culpa los tortura. Cuando predican logran librarse
de ella por una hora, pero luego vuelve sobre ellos. Ese no es el
ministerio del Espíritu Santo.
El ministerio del Espíritu Santo es traer convicción
de pecado (Juan 16:8). El habla directa y específicamente,
y su Palabra es muy clara para nosotros. Él nos indica lo
que está mal en nuestros corazones, nuestros pensamientos
y nuestros afectos, y demanda que nos arrepintamos. Si lo hacemos,
nos cambia. Ése es el trabajo del Espíritu Santo.
Es tan diferente al trabajo de Satanás. Satanás viene
a destruir vidas y empujar ministerios enteros hacia la depresión
y la soledad. Hay quien piensa: "Espero que nadie descubra
cómo vivo mi vida privada". Pero quiero decirte esto,
mi hermano, mi hermana, pastor, siervo del Señor, quienquiera
que tú seas, cuando el fuego del Espíritu Santo caiga
sobre tu vida, dirás con el Apóstol Pablo: "De
nada tengo mala conciencia" (1 Corintios 4:4). Tu vida será
purificada por Jesús.
Aquel día volví a mi cuarto y gradualmente comencé
a recuperar el gozo del Señor. Pero en vez de aterrizar en
el mismo lugar que antes, me había mudado a una nueva dirección.
El gozo del Señor estaba en ese sitio. Había regresado
la misma gloria del día anterior.
Comparto mi testimonio no sólo para contarles cosas que están
sucediendo al otro lado del mundo, sino porque el Señor quiere
impartirte a ti lo mismo que me dio a mí.
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