CAPTURADO POR SU FUEGO - Parte 5

 

El tiempo no borra el pecado...
Mientras yo seguía tirado, el Señor señaló cosas específicas que no estaban bien en mi vida. Había pensado que el tiempo las borraría, ya que eran tan pequeñas. Pero se me recordó que un pecado pequeño sigue siendo un pecado, y que todo pecado es malvado y destructor. Vi flashes de momentos en que había endurecido mi corazón contra un hermano, y pude ver el lugar preciso donde esto sucedió. Nunca lo maltraté, pero había hecho un compromiso silencioso de no volver a acercarme a él. Se me recordaron las veces en que mis ojos se habían demorado demasiado tiempo en imágenes de cosas que no agradaban al Señor.
Así como estaba comencé a llorar por mis pecados y fue tanto el dolor por ellos que comencé a sentirme enfermo, como si me estuviera afiebrando. El Espíritu Santo comenzó a hablarme y mi mente empezó a comprender lo que el Señor estaba tratando de hacer. Y Dios me habló y me dijo: "Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". Sorprendido, le dije: "Señor llevo años en el ministerio; soy un predicador de tu Palabra. Ayuné la semana pasada y oro todos los días. ¿Cómo pude estar tan engañado? ¿Por qué no había visto esto antes?"

El 98% de santidad no es suficiente...
El Señor me dijo: "Desearía que fueras tan frío como un pagano, para poder salvarte una vez más, o tan caliente como un creyente que me ha entregado el 100% de su vida, pues entonces podría usarte como Yo quiero hacerlo". Le pregunté por qué yo no había discernido esto antes y el Señor me contestó: "Engañoso es el corazón del hombre, y desesperadamente perverso". Me aterroricé. No podía creer que Dios me estuviera diciendo esas cosas. Entonces el Señor me habló otra vez y dijo claramente: "El 98% de santidad no es suficiente".
En cierto sentido, yo era un fariseo de fariseos. Crecí en una iglesia cristiana. Mi meta era ser bastante santo, hacer las cosas bastante bien, y aprobar el examen de la vida con una calificación de 70%, o una B, pero el Señor tenía demandas diferentes.
Me reprendió por mi autosuficiencia y expuso la mentira de mi corazón. Entonces comprendí mi mayor error: no estaba tratando de ser como Jesús. Sólo estaba tratando de ser aceptablemente bueno. En ese momento sentí que toda mi religiosidad y disciplina eran como trapos inmundos en Su presencia, porque yo no había creído que el Señor no me había llamado a ser una persona bastante buena, sino que me había llamado a ser como Jesús. La semana antes de viajar a los Estados Unidos había tenido un tiempo de ayuno y había orado con intensidad, y me sentía bien conmigo mismo. Me había sentido santo en un 90% o más.
A veces permitimos que pecados en apariencia insignificantes queden dentro de nuestros corazones. Pero debemos hacernos esta pregunta: "¿Con cuántos pecados piensas que el Señor nos dejará entrar al cielo? ¿Qué porcentaje de maldad piensas que Él nos permitirá llevar con nosotros cuando llegue el Día del Señor?"
Mientras estaba en Su presencia, Dios me habló en término que cualquier niño podría entender. En aquel momento no hubiera podido comprender cosas muy complejas. Él me dijo: "Nadie se levanta por la mañana, prepara una taza de café, le echa solo una gota de veneno, lo revuelve y se lo toma". Entonces comenzó a hablarme acerca de la iglesia. Hay en la Iglesia gente que permite que el veneno penetre en sus corazones y sus mentes, y esto los está destruyendo. Nadie compraría una botella de agua mineral cuya etiqueta dijera: "98% de agua mineral pura; 2% de agua cloacal". Sin embargo, muchos cristianos han permitido que las aguas cloacales espirituales se infiltren en sus vidas.
Muchos se asombran: "¿Por qué pierdo tan rápidamente la fortaleza del Señor? Será porque soy un fracasado, o quizás porque no tengo la preparación o la educación que necesito". Debo decirte que cuando hay pecado en nuestros corazones, aunque sea un 1%, puede llegar a destruir la devoción en nuestras vidas.

Convicción de pecado, no culpabilidad...
Lloré, confesé y me arrepentí. El Señor señaló pecados específicos en mi vida. No apuntó a generalidades. Satanás tiene un ministerio falso que utiliza especialmente en la Iglesia, es el ministerio de producir culpa. La Biblia nos dice que Satanás es el acusador de los hermanos. El viene a poner un sentimiento general de culpa, y nunca nos ayudará a resolverla. Como resultado, nos sentimos mal. Hay algunos líderes, algunos obreros, algunos siervos del Señor que están en el ministerio; sus corazones están tratando de hacer lo mejor, pero la culpa los tortura. Cuando predican logran librarse de ella por una hora, pero luego vuelve sobre ellos. Ese no es el ministerio del Espíritu Santo.
El ministerio del Espíritu Santo es traer convicción de pecado (Juan 16:8). El habla directa y específicamente, y su Palabra es muy clara para nosotros. Él nos indica lo que está mal en nuestros corazones, nuestros pensamientos y nuestros afectos, y demanda que nos arrepintamos. Si lo hacemos, nos cambia. Ése es el trabajo del Espíritu Santo. Es tan diferente al trabajo de Satanás. Satanás viene a destruir vidas y empujar ministerios enteros hacia la depresión y la soledad. Hay quien piensa: "Espero que nadie descubra cómo vivo mi vida privada". Pero quiero decirte esto, mi hermano, mi hermana, pastor, siervo del Señor, quienquiera que tú seas, cuando el fuego del Espíritu Santo caiga sobre tu vida, dirás con el Apóstol Pablo: "De nada tengo mala conciencia" (1 Corintios 4:4). Tu vida será purificada por Jesús.
Aquel día volví a mi cuarto y gradualmente comencé a recuperar el gozo del Señor. Pero en vez de aterrizar en el mismo lugar que antes, me había mudado a una nueva dirección. El gozo del Señor estaba en ese sitio. Había regresado la misma gloria del día anterior.
Comparto mi testimonio no sólo para contarles cosas que están sucediendo al otro lado del mundo, sino porque el Señor quiere impartirte a ti lo mismo que me dio a mí.

 




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